Capítulo Siete Mares - FIHNEC El Salvador - VENTANA DE FIHNEC

2007 - "NO HAY NADA IMPOSIBLE PARA DIOS" - Testimonio del Dr. Abelardo Chávez

Cuando yo tenía cincuenta y cinco años pensé, bueno yo no voy a tener retiro. Porque antes, siendo uno independiente no podía cotizar en el ISSS. Y dije, ¿Cómo hago? La única forma era trabajar. Me arrodillé en mi escritorio y le dije; Señor, si es tu voluntad, que me den un trabajo. Vos sabés mis obligaciones y me gustaría tener un buen retiro. Así pues, que me llamen y que me rueguen, para saber que es tu voluntad. A los quince días, me llamaron y me rogaron. Y aquí estoy, viviendo de mi retiro. Para Dios no hay nada imposible. Al llegar a la Fraternidad, seguí la corriente de los ganadores. Los ganadores leen la Palabra de Dios. Los ganadores asisten a las reuniones. Los ganadores sirven a Dios. Me metí a servir, y el Señor me ha dado mucho. En una reunión de mi Capítulo me dijo un compañero al final de la reunión: Dice el Señor que vas a ir a Estados Unidos para servirle. Ese hombre me dijo eso, y yo no lo tomé en cuenta.
Fruto de mi vida anterior, desordenada, de joven universitario antes de mi matrimonio, tuve un hijo varón y una hembra Sandra, que vive en los Estados Unidos, que me llamó y me dijo: Papá, véngase, necesito que usted hable conmigo. No tengo con quien hablar. Cuando Sandra nació, a mi todavía me daban para el bus, y luego me casé y quise respetar mi matrimonio. La mamá de ella también se casó. Sandra me llamaba por un problema familiar. Ella tiene veinte años de casada. Tiene dos niñas de dieciséis y diecisiete años y estas niñas sorprendieron a través de la Internet a su padre chateando con un mujer… hablando de amor. Entonces una niña fue y le dijo: Papá, ¿que pasó? Estás hablando con una persona joven, y es mujer, le dijo. ¡No…! Aquí está la foto… y se armó el lío. Entonces el hogar estaba deshecho. Las niñas peleando con el papá. Todo era un desastre. Recuerden que yo nunca estuve cerca de Sandra, ni le di lo que un padre debe de dar, el apoyo inmediato. Pero ella me escogió a mi. Me puse a orar al Señor y le pedí que pusiera sus manos en este asunto. Es difícil en forma particular ayudar a alguien en tal circunstancia. Y como padre todavía peor, porque se piensa con el corazón y con el hígado, y ¡abogado!, peor. Le pedí a Dios que me ayudara a solventar esa situación. Lo más importante era que mi hija había recurrido a mí. ¿Y saben por qué? Porque yo antes fui un leproso, igual que uno que encontró Jesús. Pero yo como aquel que encontró Jesús, he recibido la orden y la he obedecido de ir a presentarme al sacerdote, y mi vida se ha ido limpiando, y mi hija Sandra ha visto y sabe del cambio en mi vida. El esposo no sabía que yo iba con esa misión. Comenzamos a platicar, y yo pedí a Dios, tener la oportunidad, abrir un campito, para yo poder tratar esto tan delicado. La segunda de las niñas le había dicho: Eras mi héroe, hoy estás en el suelo, ¡sos basura! Pero el Señor me dio la oportunidad de tratar y entrarle fuertemente con la palabra de Dios. Porque yo le hubiera dicho hasta de lo que iba a morir, pero Dios no lo permitió. Dios me ayudó a decirle lo tremendo que es ser infiel. Lo tremendo que es no seguir las cosas de Dios. Y saben, la persona que andaba de novia, era hija de padres cristianos, de padres misioneros. Desde el primero hasta el veinticinco del mes, estuve todos los días, hasta que me vine dándoles palabra de Dios y el domingo, todos a la iglesia. Así fue como toda la familia se reconcilió con el Señor, y cuando yo me vine, aquello era una luna de miel. Porque Dios no hace nada a medias, todo lo hace perfecto.

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