Capítulo Siete Mares - FIHNEC El Salvador - VENTANA DE FIHNEC

2007 - "JESÚS CAMBIÓ SU CORAZÓN" - Testimonio del Lic. Jorge Trejo - Parte final

Cuando nuestro hijo menor que tenía trece años, supo que veníamos al Hotel. ¿Y puedo ir a comer al Hotel? - me dijo. Si, venite - le dije. Vino con la intención de comer, pero aquí en el capítulo le llamaron y le dijeron, querés hacer la oración de aceptación de Jesús. Si dijo él y la hizo. El Señor lo tomó en serio y ahora mis tres hijos son adoradores del rey. Los tres le sirven. El pequeñito de trece años hoy es ministro de alabanza del Señor. Otro es predicador y el otro es co-pastor de la iglesia donde él está. Los tres son maridos de una sola mujer como yo le pedí a Dios. Yo no los quiero - le decía - involucrados en problemas de adulterio, como yo viví toda mi vida. Libéralos Señor, le decía en mis oraciones. Cuando se casen hazlos hombres de una sola mujer, y que sean adoradores tuyos. Y así han salido. Mis tres hijos para mucha honra, son servidores del Señor Jesucristo. De su trabajo a la iglesia y siempre andan con la mujercita y los hijos. El tercero de mis hijos, que más me costó que viniera, lo invitábamos con mi señora a la Fraternidad Internacional de Hombres de Negocio del Evangelio Completo. Pasé seis meses invitándole. No quería, y decía: Si vamos a preguntar ¿Quien era vago? Mi papá. ¿Quién era bolo? Mi papá. ¿Quién era adúltero? Mi papá. Yo no tengo nada de eso,- decía, - no tengo necesidades. Pero un día, lo encontramos triste, y ya tenía algún tiempo de andar con ese problema y no me había enterado. Me dijo: Fíjese que me quebraron en la universidad ya no puedo egresar de la UCA. Ahí lo tenía estudiando una carrera larga y ya estaba por egresar. Le quebraron una materia en tercera matrícula. Y ¿Por qué? – le pregunté. Es que me enamoré perdidamente de la fulana, y ella me traicionó. La encontré con otro –me dijo. No te preocupés hombre, le dije, hay bastantes mujeres. Dios sabe lo que está haciendo en tu vida. Dios ha permitido que te separés de ella, porque te va a dar otra mujer buena. - le dije. Y él no me agarraba mucho la onda. Y me dijo: Mire, se ha dado lo que usted tanto nos había anunciado. El mensaje que les mandaba a mis hijos era un mensaje mero tremendo, cuando les decía: Ustedes no tienen necesidad de trabajar, yo trabajo. Ustedes solo estudien, pero nadie vaya a venir aquí con que se lo han quebrado en la universidad. Y cuando así suceda, les decía, preparen sus maletas antes de que me vengan a decir. Ese día me dijo: Mire papá ya estoy preparado. Tenía unas bolsas lintorey, unas cajas de jabón donde había metido su ropa y todo. Hoy da risa pero en ese momento era impactante en la vida de él y en la mía. De veras, Roberto ¿y te vas a ir? ¿Y para donde te vas a ir? A donde mi abuela – me dijo - no sé como me va ir, pero yo voy a cumplir con lo que usted nos ha dicho. No - le dije, no te vas. Ya Jesús hizo el trabajo en mi vida y yo te perdono. Y andá a la universidad, a conseguir equivalencias, yo te voy ayudar… ¿El qué? - me dijo. No me creía. Vuélvame a repetir por favor, ¿que me dijo? Que te perdono – le dije -.Que vayás a conseguir las equivalencias mejores en la universidad que sea, yo te voy a ayudar. ¿De veras papá? Si - le dije de veras. ¿Y que le pasa a usted? – me dijo. Como me tenían como un ogro. Mirá - le dije, es que hace seis mese conocí a Jesús y él ha cambiado mi corazón. Él me ha cambiado ese pensamiento duro que yo tenía para ustedes. Así que ahora no, no pensés eso - Lloró mi hijo, lloré yo, lo perdoné, y al siguiente sábado estaba aquí en el capítulo “Siete Mares” conociendo a Jesús.

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