Capítulo Siete Mares - FIHNEC El Salvador - VENTANA DE FIHNEC

2007 - "EL ESPÍRITU SANTO LO LIBERÓ DE TODOS LOS MALES" - Testimonio del Lic. Jorge Trejo - Segunda parte

Yo no lo sabía, pero bastaron tres días de oración con un cristiano desconocido, para que en Febrero de 1988 yo quedara incluido en la agenda de Jesús. Cansado, renuncié a mi trabajo en Mayo, y en Junio cuando ya me había pasado toda la adrenalina del stress a que estaba sometido, me aparecieron los dolores. Me dolió el hígado, el páncreas y el colon y ahí por Septiembre me cayó una profunda depresión. Antes, yo opinaba de los que sufren depresión eran maricones. Así lo creía y lo sostenía, pero después me di cuenta que la depresión es un desbalance de los jugos que uno tiene en el interior, de las encimas y todas esas cuestiones, y es orgánico. Eso nadie lo puede detener. Así me lo explicaron después. Y yo no encontraba respuestas para mis males. Fui a un médico que me dio medicinas, pero nada. Así estaba cuando el segundo de mis hijos, un día me trajo a este Capítulo de la Fraternidad Internacional de Hombres de Negocio del Evangelio Completo. Lo voy a llevar donde lo van a sanar – me dijo. Él tenía 17 años, y andaba haciendo sus primeros pininos en el ministerio de la iglesia a la cual él pertenece. Me lo dijo con autoridad, y me trajo. Yo no podía ni manejar, me temblaban los pies, se me apagaba el vehículo. Así fue como vine yo aquí, y como pollito comprado llegué a la segunda planta del Hotel, y me senté hasta en la última mesa y un abogado mero cómico de Sonsonate, se sentó en la mesa donde yo estaba. Decía que él no mantenía a nadie con la boca cerrada, solo riéndose, y era cierto. El hombre empezó a contar sus cosas, y me reí. Yo tenía ratos de no sonreír, además en mi filosofía de la vida, yo no creía en la sonrisa de nadie. Yo decía, están pelando los dientes, porque algún interés tienen, pues los voy a pelar yo también. La mía era una sonrisa forzada. Sin embargo ese hombre me provocó risa. Al final cuando oraron por mi, me dijeron que si quería cambiar mi forma de vida. Le dije – Si, yo me siento mal. ¿Quiere que el Señor lo sane? Si – respondí. Allí me presentaron a un Cristo que sana, y ese día yo fui sano de la depresión y de los males físicos que tenía. Cuando me iba le digo a mi hijo – espérate, voy a hacer una pregunta. Regresé y pregunté: ¿Y aquí prohíben chupar? No – me dijeron. A mí me agradó eso, porque me preocupaba y pensaba: ¿Que iba a hacer los días viernes en la noche? ¿Y los sábados que amanecía saturado de alcohol mi organismo, y me quitaba la goma? Los domingos ya no bebía, porque los lunes tenía que llegar bien a mi trabajo. Pero la segunda parte que me dijo ese hombre, que “Cuando el Espíritu Santo tome control de su vida, lo va a liberar de todo los males que tiene”, no la entendí, solamente la primera parte, que no prohibían chupar y me fui contento para mi casa. Ese día mi señora se admiró porque, después de un insomnio de diez años pude dormir por primera vez. Me daban la una, las dos de la mañana viendo el techo… pero ese día, dice mi señora que yo me dormí como a la ocho de la noche como un bebito, y al siguiente día me preguntó: ¿Y que te hicieron allí donde fuiste? No sé - le dije,- pero fíjate que fui a conocer a Jesucristo. ¿Y puedo ir yo? – me dijo. Si – le respondí. Y así, el siguiente sábado ella vino conmigo al Capítulo a donde conocí al Señor, y a la gente más feliz de la tierra.

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