Capítulo Siete Mares - FIHNEC El Salvador - VENTANA DE FIHNEC

2006 - "JESUCRISTO CAMBIÓ SU VIDA" - Testimonio del Lic. Ángel Murillo

Vine a la Fraternidad después de una vida tormentosa, un verdadero lodazal. Tenía mis canchas, mis “bolados”, andaba por todos esos restaurantes y tenía mis adulterios. A causa de eso yo estaba destruyendo mi hogar, y a mis hijos ni los veía. Cuando me preguntaban que si ya estaban grandes, yo les decía: el mayor está así y el otro así, señalándoles en forma horizontal con las manos su tamaño, porque como yo solo acostados los veía, de mañana cuando salía y estaban dormidos y también de noche cuando llegaba. Ya en la universidad tuve compañeros con los que salía y tomaba. Hasta bailarín me había hecho. Había llegado a ser un bebedor en potencia. Gracias a Dios que me puso a una mujer paciente, a pesar de que le dije que jamás me iba a casar con ella. A pesar de doce años de vivir acompañados, y tener dos hijos, yo decía que no me iba a casar con ella. Yo era un hombre soberbio, prepotente a causa de mis ideas pasadas. Pero tenía un amigo que siempre me invitaba a la Fraternidad de Hombres de Negocio del Evangelio Completo, aunque él no sabía que yo tomaba, me invitaba los días sábados aquí al Capítulo “Siete Mares”, y también a las cenas del capítulo “La Montaña”. El día que vine por primera vez, escuché un testimonio que me jaló los pelos. Ese testimonio fue el de Vicente Doño. Cuando él hablaba de su vida alcohólica, lo que me impactó fue cuando dijo que una vez, había quedado fondeado abrazado de un poste. Hasta allí no he llegado yo - pensé. Ese día Doño oró por mí y desde esa fecha, que fue un 9 de Enero de 2003, lo que es alcoholismo se quedó atrás, jamás volví a probar el alcohol... y hasta la fecha ya no he probado un trago. El adulterio lo mismo, lo dejé atrás, y por aquella mujer a la que yo le había dicho que jamás me iba a casar con ella, ya en la Fraternidad comencé a sentir un gran vacío, y un cosquilleo de que algo andaba mal en mi casa. Fui a un SAEL (Seminario Avanzado para Líderes de FIHNEC) En ese SAEL, preguntaron por los que habían tenido problemas de drogas, que levantaran la mano. Yo estaba llorando, agachado, pero luego cuando preguntaron por los alcohólicos, allí rápido levanté la mano. Problemas de adulterio... también levanté la mano. Que si le había faltado el respeto a la mamá, también. En fin que estuve casi solo con la mano levantada y cuando se terminó el SAEL, venía limpio. Me sentía hasta más bofito, de aquellas cargas con que había venido al SAEL. Allí me dijeron que tenía que ir a pedir perdón a quienes yo había ofendido. Y fue algo maravilloso cuando llegué a mi casa, lo primero que busqué fue a mi familia. A mi mamá, llorando le pedí perdón. Lo mismo a mis hijos. A mi esposa le pedí perdón por el comportamiento que había tenido. Después, en un mes de Diciembre me estaba casando con aquella mujercita a quien había dicho que no me iba a casar. Y lo hicimos en una forma bien bonita porque los del Capítulo “La Montaña” nos reunimos en una casa, y entre ellos estaba mi compadre aquí presente este día, que ha aceptado mi invitación para venir a la Fraternidad. Deseo que así como yo hasta la fecha no me he arrepentido de haber aceptado a Jesús, él también aprenda de estos hombres que me han enseñado como ser parte de la Gente más Feliz de la Tierra.

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