Capítulo Siete Mares - FIHNEC El Salvador - VENTANA DE FIHNEC

2006 - "RESUCITADO DE UNA MUERTE SEGURA" (PRIMERA PARTE) - Testimonio de José Luis Bonilla

Hace unos 22 años, un buen amigo de la Fraternidad Internacional de Hombres de Negocio del Evangelio Completo, me obsequió una tarjeta para que viniera a desayunar. En esa época, este su servidor se creía Dios, porque todo me salía bien. Cuando me dio la tarjeta, le di las gracias, pero cuando él dio la vuelta, la rompí y la boté, y dije: ¡Está loco! Yo no quería saber nada de asuntos religiosos. Cierto día, subí al carro y de pronto sentí como que me habían metido un puñal en el abdomen. Era un dolor terrible, que me hizo echar espuma por la boca. Gracias a Dios mi esposa que es médico oncóloga, iba conmigo y de inmediato me llevó al hospital, donde me diagnosticaron una pancreatitis. Salí de ese evento, y me repuse bastante rápido. Volví a mi trabajo y a tener éxito, pero empecé a ponerme muy delgado. Mi esposa me urgía hacerme exámenes, pero yo no quería descuidar mi negocio que era demasiado lucrativo. ¿Y de mi Padre Celestial? ¡Ni me acordaba! Llegó el momento en que me gravé, y de inmediato me ingresaron, y empezaron a hacer una serie de exámenes. Un doctor me dijo: Mirá, esto que te voy a decir, de la forma en que te lo diga, es bien duro: Tenés cáncer en el páncreas, y es urgente que te operes. Sentí como que me habían echado un balde de agua helada. Me metieron al quirófano y cuando desperté, creí que todo estaba bien. Pero hasta ahí no pensaba en Dios. Me di cuenta que tenía un tubo en la boca, conectado a un ventilador para respiración artificial, y estaba en una sala de cuidados intensivos. Al día sexto me quitaron el tubo, y pregunté, ¿Y como salió todo? Mi esposa se puso a llorar y me dijo: No pudimos hacer nada. Llegó el cirujano y le pregunto que cuanto me quedaba de vida. Lo lamento - me dijo - a lo sumo serán doce días. Y ya habían transcurrido seis. Un año antes, en 1999 yo había aceptado a Jesucristo como mi Señor. Lo había aceptado en unas circunstancias tremendas, pero había vuelto a la vida del mundo. En ese estado, me acordé que los patriarcas bíblicos, cada vez que se veían en crisis, clamaban al Señor, y le recordaban su pacto. En ese momento yo le pedí a Dios, que su poder se manifestara en mi. Tengo hijos pequeños. ¿Qué va a ser de estos niños?- le dije. Y si tú me salvas la vida, yo le daré testimonio de tu amor, tu misericordia y tu poder, hasta las piedras. A todo esto, mi esposa había comprado un puesto en Jardines del Recuerdo. Mi mamá había contratado el funeral en la Auxiliadora y mi hermana me compró un traje negro. En la mañana del día quince empeoré. Mi esposa llegó, y le dije: Siento que me voy a morir esta noche. Al filo de la media noche yo empecé a sentir frío y a temblar; pero además del frío comencé a sentir un aroma bien grato y luego pegué un gran grito, y se me apagó la luz. Al día siguiente desperté con deseos de orinar, pero noté que estaba bien tapado y me costaba respirar. Me logré quitar la sábana, me levanté y caminé hasta donde estaba un orinal y lo utilicé. Entonces me acordé que no podía caminar, así que me acerqué y me subí a la cama y pensaba ¿y los tubos que se hicieron? De pronto entró la enfermera, y los ojos se le hicieron más grandes que los anteojos. Y se me quedó viendo y salió corriendo, y al rato venían los médicos y me tomaron el pulso, y no me decían nada, solo se veían. Entonces realicé, que me habían declarado muerto, pero por el poder y la misericordia de Dios resucité a nueva vida.

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