Capítulo Siete Mares - FIHNEC El Salvador - VENTANA DE FIHNEC

2005 - "NACÍ DE NUEVO" - Testimonio de Max Mejía Vides

Tenía doce años cuando murió mi padre, entonces mi madre me obligó hacer mi primera comunión. La víspera me confesó el padre Agustín del Calvario, y recuerdo que de los 10 mandamientos, confesé haber violado solamente uno. Cuando el cura me mandó hacer penitencias, afligido e ignorante de lo que había confesado, llegué a casa a buscar en el diccionario el significado de: Fornicar. Temeroso que mi madre se enterara por el cura, comencé a pensar mal de los sacerdotes. Relacionaba la cruz con la muerte y eso me metía miedo. Me desagradaba ver los penitentes de Semana Santa. Crecí pensando que la religión no cabía en mi agenda, porque era para fanáticos y débiles de carácter. En 1950 recién casado, un amigo a quien creí estaba loco, me invitó a una sesión de tabla Ouija. A los días estaba vivamente interesado en aquel fenómeno, que despertó en mí una gran curiosidad, que fue en aumento, pues quería sacar beneficio de aquel recurso. En busca de respuestas, visité espiritistas, que pronto me decepcionaron. Un amigo se había inscrito con los rosacruces, así que pensé: Tal vez por aquí. En esa búsqueda fuí iniciado Masón, y aficionado al hipnotismo y a las lecturas Esotéricas. Mientras en la vida cotidiana, llegué a tener mi propia pequeña empresa FILMAX, elaborando cortos para la TV. La vida no era color de rosa. Tenía problemas con mi esposa. Mis hijos, estudiantes universitarios me preocupaban. Tenía problemas con mis trabajadores, y mis clientes no tenían la razón. Me sentía enfermo, y la vida carecía de sentido.
Corría el año de 1973, y ese era mi estado anímico, cuando mi sobrina Ruth Larson puso en mis manos material Cristiano, que en un principio pensé se iría al cesto de basura. Pero una pequeña revista a colores VOICE, de la Fraternidad Internacional de Hombres de Negocio del Evangelio Completo, me llamó la atención por los relatos de hombres de mi edad, con problemas iguales y peores que los míos, que habían experimentado milagros en sus vidas. Yo creía que los milagros se habían dado en otras épocas y otras latitudes, mas estos hombres hablaban de hechos reales hoy, no de teorías. Yo pensé: ¿Será esto lo que yo ando buscando? Porque, curiosamente los estudios esotéricos habían profundizado un vacío en mi corazón. Volví a Ruth y le dije: Mira ¿y este volado como es? Ella sabía que yo planeaba con los de Pueblo a Pueblo un viaje a Hollywood, Florida, así que me aconsejó visitar a Derek Prince.
Llegué al hogar de Mr. Prince en Fort Lauderdale Florida, cargado de prejuicios. Creía que los Cristianos debían vivir en pobreza, pero en el garage vi estacionado un flamante Lincoln Continental. Pensé: Estos Cristianos si me gustan. Mr. Prince un inglés de seis pies de estatura, me recibió y comenzamos una plática de media hora en la que él demostraba un gran interés por mis conocimientos esotéricos. La conversación cambió cuando él me preguntó: Mr. Mejía, ¿Quiere que ore por usted? A lo que respondí: Mr. Prince, quiero lo que estos hombres de la revista VOICE tienen. Muy comprensivo me pidió repetir en voz alta lo que él me iba a decir. Hasta aquel instante Jesús era uno de los grandes iluminados, y cuando Mr. Prince me pidió repetir que Jesús era el Hijo de Dios, el Mesías, me sentí retado y pensé, “Si esto es lo que hay que hacer, pues adelante...” No bien hube repetido la oración de Mr. Prince, cuando sentí la presencia de la divinidad en aquel recinto y solté a llorar de gozo y de arrepentimiento. Amor líquido llenó mi corazón y el vacío desapareció. Mi espíritu había despertado y había Nacido de Nuevo.

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