Capítulo Siete Mares - FIHNEC El Salvador - VENTANA DE FIHNEC

2004 - "SI ME MATABA, SABÍA A DONDE IBA" - Testimonio del Lic. Edgar García

Vengo a testificar de mi alegría, porque me pusieron una pistola enfrente. Yo no sé como se sentiría usted si le ponen una pistola enfrente a corta distancia. Antes, debo contarles un poquito de mi pasado. En cierta ocasión en mi adolescencia, me robaron, y eso me llevó al deporte, al Judo, porque sentí tanto rencor hacia los ladrones delincuentes. Sentí ira, sentí que tenía que buscar una forma de defenderme. Cuando hacía deporte e iba a entrar a una competencia me ponía super nervioso, y no era para menos. En estados Unidos, me acuerdo que me tocó competir con un muchacho cuyas manos eran quizás el doble de las mías, y mucho más alto que yo. Cuando me decían, vas de segundo, era la segunda pelea, yo temblaba sudaba helado, porque sabía que iba competir. Que diferencia ahora, cuando el Ingeniero Retana, me dijo, vas segundo en los testimonios, que alegría, que voy a compartir. Ahora vengo temblando, pero de alegría a contarles esto. Decía que cuando me robaron en aquella ocasión, pensé: No me vuelven a robar, porque de hoy en adelante yo me voy a defender. Después de catorce años de deporte, de alto rendimiento, ya uno tiene las herramientas como dicen: ¡para darse!
El pasado seis de Octubre, yo tenía una reunión de negocios aquí en el Boulevard de los Héroes, pero no se dio la reunión a las diez de la mañana, y yo acostumbro ir a tomarme un mi jugo en un chalecito cerca de FIHNEC, donde venden jugos. Iba a tomarme el jugo cuando me cayó una llamada de mi hija. Ella ha sido muy dura de corazón, muy difícil de tratar. Su llamada era sobre que ella está recibiendo estudios bíblicos y que el Señor está cambiando su corazón, y que ya está viendo las bendiciones. Esa alegría para mí era tremenda porque sé que el Evangelio está llegando a mi familia. Porque allí está mi niña, una hembra de cuatro años, que para mí es algo tan delicado, y saber que el Señor se está manifestando en ella, me da esa alegría. En esas condiciones estaba al teléfono, alegre de ver que el Señor se está manifestando. En ese momento aparece un tipo bien vestido con una su arma de calibre nada sencillo. Empieza a chasquearla y me dice: ¡Dame el celular... dame el celular! Tranquilamente le dije: Aquí está... Dame el reloj. ¡Cómo no, hombre... no te preocupés... calmate! - respondí. Y dame el dinero... dame el dinero. Me saqué la cartera y la abrí y él tomó el dinero. Pero no se llevó ningún documento, ni tarjeta, solo dinero. En ese momento, y eso es lo que quiero manifestarles, sentí una alegría tremenda, porque si en aquella otra ocasión sentí rencor y odio, ahora sentía compasión por esta persona y sentí una alegría porque solo me encontraba ante dos opciones. Sabía que, primero no me podía hacer nada porque yo estaba bajo la sombra del Omnipotente, hablando de cosas espirituales, estaba bendiciendo a Dios porque se está manifestando en mi familia. Esa era una opción, y la otra, si me mataba, sabía hacia donde iba. Esa alegría tremenda, nunca antes la había experimentado. Ahora no pensé eso, ahora sentí amor, sentí compasión, y por la noche pude orar por él, pidiendo al Señor que le bendiga le ilumine y encuentre el camino. Eso ha hecho Jesús en mi vida y se lo debo mucho también a esta bendita Fraternidad Internacional de Hombres de Negocio del Evangelio Completo.

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