Capítulo Siete Mares - FIHNEC El Salvador - VENTANA DE FIHNEC

2004 - "APRENDIENDO A DAR PARA RECIBIR" - Testimonio de Darío Orantes

Cuando vine a mi primera reunión de la Fraternidad Internacional de Hombres de Negocio del Evangelio Completo algo sucedió en mi corazón. Lo que ese día experimenté y todo lo que sucedió en mi interior, fue algo nuevo, diferente. Lloré y me desahogué. Al salir decidí regresar a mi casa en Apopa a buscar a mi esposa para contarle que había encontrado lo que había llenado el vacío que había en mi corazón. Hacía poco mi padre terrenal había muerto, pero había encontrado un Padre Eterno super amoroso, de abundantes recursos. Alegre y contento, llego a mi casa, y mi señora no estaba, andaba recogiendo al niño, así que me fui a buscarla. Venía ella saliendo del kinder con el niño pequeño de brazo, cuando vio que mi vehículo se dirigía hacia ella. Su corazón dio un vuelco. Tomó al niño fuertemente y pensó: Este me viene a matar. Paralizada, pensó: si me dispara, voy a cubrir a mi hijo, y si me echa el carro encina ¡lo voy a meter en esta puerta! Ese era el hombre que ella conocía; pero ¿Cómo le podía explicar a una mujer que había sufrido tanto física y moralmente, lo que había sucedido a mi corazón? Mas un día, en una Convención de FIHNEC, el Señor, el día de su cumpleaños, tocó su corazón y pudo experimentar lo que yo estaba viviendo. Fue el mejor regalo.

Un día, apretado por la situación económica, pensé: Señor ¡Dame sabiduría! Tomé una par de hojas de papel y escribí un proyecto sobre alianza estratégica para poder traer y llevar repuestos, que titulé Proyecto Nicaragua-Honduras. Lo archivé y me olvidé. Cierto día necesitaba arreglar una llanta y en la ruta hacia Apopa encontré muchas reparaciones, pero decía ¡No... más adelante! Por fin me detuve en una. Mientras me atendían, llegó un hombre con un carretón vendiendo panes. Me dijo que Dios le había mostrado en una visión un carretón para vender panes, que lo había dibujado y que tenía aditamentos que no tenía el que andaba, pues era ajeno. Yo voy a tener uno propio, ya lo mandé a hacer – me dijo. Le voy a poner hielera, voy a vender refrescos, y voy a tener pollo para vender panes con pollo. Pero me faltan 53 dólares, que estoy seguro Dios me proveerá. Y, fíjense, que eso era exactamente lo que andaba en mi cartera. Y cometí el error de Pedro, como decía alguien, que Jesús le dijo, echa las redes, y Pedro echó “la red”. Echó una, no las echó todas. Agarré cuarenta, fui donde aquel hombre y le dije: ¡Tenga! Al hombre le temblaba la mano y me dice: ¿Y esto que es...? Mire le dije, yo soy un banquero del Señor que me dijo: Andá, buscá a alguien que quiere poner un negocio, así que esto se lo manda Jesús. El hombre empezó llorar, levantó sus manos y empezó a alabar a Dios... y me dice: Mire ¿y como le voy a pagar...? Usted no me debe nada, les respondí. Su compromiso es con él... Había echado la red, no las redes.

Al poco tiempo nos llamaron de una compañía local y comenzamos a llevarles y traerles repuestos de Honduras. Entonces me acordé del proyecto, lo saqué. Era lo que necesitaba: Una alianza estratégica con la empresa de una persona que está comenzando su relación con el Señor. Actualmente estamos atendiendo pedidos de Guatemala y de Honduras, con vehículos especiales que nos ahorran tiempo. Cuando sembramos de corazón en su reino, el Señor es fiel a su Palabra.

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