Capítulo Siete Mares - FIHNEC El Salvador - VENTANA DE FIHNEC

2004 - "LIBERADO DE ODIO Y RENCOR" - Testimonio de Pablo Alcides Ochoa

Hasta el 10 de junio del año 2000, yo era un hombre sin Dios. Yo no creía que Dios existiera. Si yo no hacía las cosas, nadie las iba a hacer por mí, y menos Dios. Pero muchas veces se acude a ese Dios en el que uno no cree.

En 1992 en un atentado, me pegaron dos balazos en la cabeza, y ahí si clamé a ese Dios en el que yo no creía. Le dije ¡Señor! ¡Ayúdame! Dos balazos en la cabeza no es para estarla contando sin la ayuda de Dios. Mi comportamiento no era de lo mejor, con alcoholismo, drogas y faldas. Pero era un profesional, que iba avanzando y me iba bien en la vida, y eso me volvía soberbio, arrogante, prepotente y vanidoso.

Pasado ese incidente, se me olvidó que había pedido ayuda a Dios. Nunca había leído ese manual de que se habla aquí. (La Biblia) Mi vida siguió de la misma manera, solo que entonces con ganas de matar. Andaba una pistola en el asiento del carro, dispuesto a matar, porque el día que yo encontrara a la persona que me pegó los dos balazos, de quien tenía bien dibujado su rostro, lo iba a matar. Pero Dios me salvó de que fuera un asesino. Cierto día en un lugar, donde no se podía entrar armado, tuve que dejar la pistola en el carro, y cuando salí ya no estaba, me la habían robado. Y lógicamente tenía que comprar otra, pero no tenía dinero.

Un día en un alto, casi en el mismo lugar donde se me subieron al carro cuando me dieron los balazos, pasó enfrente de mí el tipo ese que me había baleado. Era una trabazón de vehículos, y dije: ¿Qué hago? Al verlo, el odio, el rencor surgieron, pero no podía hacer nada. Y pensé, si aquella vez no me mató, hoy me mata, pues no tenga nada en las manos. Les aseguro que si hubiera llevado pistola, no me hubiera importado el carro, no me hubiera importado nada, porque yo tenía odio y rencor, y lo hubiera matado como lo había prometido.

Económicamente, estaba en la peor crisis de mi vida. Tenía vicios pero no me daba cuenta que eran un problema tremendo. Tenía problemas en el hogar a causa de mi vicio, pero no me daba cuenta cual era el origen. Económicamente estaba apretado, pues tenía deudas de seis cifras y además compromisos en tarjetas de crédito. Y lo único que me preocupaba era lo económico, y no me acordaba que no le estaba dando felicidad a mi familia, porque la soberbia y el corazón duro, no daban para eso.

En esa situación, me invitaron a un desayuno de la Fraternidad Internacional de Hombres de Negocio del Evangelio Completo. Asistí porque eran Hombres de Negocio. Eso de Evangelio Completo, me sobraba. Pero me gustó cuando de entrada dijeron que no era nada religioso, porque yo no tenía interés en religión alguna. Escuché a una persona contar su vida, diciendo las barbaridades que había cometido, como las mías, y a veces superiores, porque yo solo había sido consumidor, no traficante. Relató como Dios había cambiado su vida, que había salido de deudas, y un montón de cosa maravillosas que le habían sucedido. Recapacité y dije: ¡Hijole! ¿Qué estoy haciendo de mi vida? Ese día hicieron un llamado y pasé al frente y acepté a Jesús como mi Señor y Salvador. Era el 10 de junio del 2000. He sido liberado del alcoholismo y del odio y rencor que anidaba en mi corazón. Y el Señor me sigue bendiciendo en todo.

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