Capítulo Siete Mares - FIHNEC El Salvador - VENTANA DE FIHNEC

2004 - "PERDIÓ TODO PERO ENCONTRÓ A JESÚS" - Relato por Jorge Trejo

Todos los sábados desde hace un año, hay un hombre que recibe clases de solfa, porque dirige las alabanzas en su iglesia. Esta persona es mi hermano de sangre que tuvo una época muy buenísima en Sonsonate, donde llegó a tener un Hospital, una cadena de farmacias. Tren de casas en San Salvador, en Santa Ana y en Sonsonate. Carros del año. Les cuento esto para que vean hasta donde llega el hombre, y cuan grande es el poder de Dios para cambiarnos.

Yo me hice Cristiano en 1988 y muchas veces lo invité a la Fraternidad Internacional de Hombres de Negocio del Evangelio Completo. Allá por los años 93, 94, vino algunas veces al Capítulo Siete Mares. Y cuando hacían el llamado, él pasaba adelante, y recibía al Señor... pero al salir, lo estaba esperando una mujer. Y se iba burlando de lo que había hecho. En su fuero interno no creía en Dios. En los últimos años de su vida próspera, él se hizo cocainómano, y además de alcohólico le gustaban las faldas. Pero, no se le notaba. Andaba siempre bien vestido. Pero de pronto las finanzas le apretaron. Tuvo una quiebra económica catastrófica al punto de que le debía mucho más al banco de lo que tenía, porque no pudo manejar la situación por la droga que es un vicio tremendamente caro. Un día, quebró de forma tal, que se tuvo que ir del país, pues había orden de captura para él. Lo perdí de vista, y pasé cinco años sin saber de él.

Hace poco, un miércoles en un restaurante de Antigua Guatemala, supe que mi hermano vivía en una ciudad cerca de Antigua en Guatemala. Él es ahora un médico transformado por el amor de Dios. Dice que como al Hijo Pródigo, le tocó dar de comer a los cerdos. Cuando estuvo huyendo se escondió en un rancho donde había cerdos, y a él le tocaba dar de comer a los cerdos. Llegó a Guatemala, rebotando de posada en posada hasta Antigua a tocar la puerta a una iglesita. Supo que allí tenían un programa médico, un programa de salud. Les pidió posada y les preguntó en que le podía ayudar al médico de cabecera, y no le creyeron. Le dijeron, ¡No le creemos nada! Pero como dice la Escritura, le vamos a dar posada. Así se fue quedando, durmiendo en la iglesia. Antes de que se hiciera tarde y para llegar a dormir, hacía un montón de cosas que cuando las cuenta se quebranta, y dice: “Gracias Señor, dichosos los que sin ver creen, y dichosos los que creen sin haber sufrido”.

Esa iglesia tiene un programa de salud que atiende un médico. Con el tiempo el médico se dio cuenta que de verdad mi hermano era médico, ¡y de los buenos! Y lo dejaba practicar. Cierto día el médico se retiró porque vivía muy lejos y le dejó la plaza a mi hermano. Es un programa que sostiene una iglesia de los Estados Unidos y que mes a mes mandan una cantidad de dinero que ahora administra mi hermano. Paga enfermera, promotor de salud y su salario y la iglesia le da vehículo, así es como él visita cuatro pueblos. Esa es la vida que él tiene ahora, después de todo lo que pasó. Él, que nunca creyó, es ahora un médico totalmente transformado. El viernes prepara la prédica porque el domingo. Él predica en la iglesia, y dirige las alabanzas. Para eso es que recibe clases de solfa todos los sábados.

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