Capítulo Siete Mares - FIHNEC El Salvador - VENTANA DE FIHNEC

2002 - "RAZÓN DE VIVIR" - Testimonio de Gilberto Beltrán

A los dieciocho años salí campeón goleador a nivel nacional, lo que hizo que un equipo de liga mayor A, el Sonsonate Foot Ball Club, se fijara en mi persona, y así me convertí en futbolista profesional. Yo que antes fui descalzo, de repente me volví una estrella del fut, y además un alcohólico a quien sobraban las muchachas que tomaba casi a diario.

Pero un día comencé a enfermar. Con la garganta reseca, me salieron unas manchas blanquecinas con el centro rojo en la garganta, el paladar y la lengua. Médicos amigos me dijeron que no era nada. Me sentía débil y pensé que era un cáncer, y un día tomé la decisión de quitarme la vida, pero fracasé en mi intento.

Enfermo y humillado, desesperado un día, me encontró un amigo que me llevó a mi casa. En el trayecto me invitó a una cena de la Fraternidad de Hombres de Negocio FIHNEC. En la cena por primera vez escuché que Cristo me amaba, y eso impactó y quebrantó mi corazón.

Cierto día al final de un desayuno del Capítulo “7 Mares” de FIHNEC, en el Hotel Camino Real, uno de los asistentes, me dijo: “Dice el Señor que te va a limpiar la sangre y va a usar tu testimonio para que muchas personas crean que para Él no hay nada imposible”. Ah! Esta persona está loca, pensé. Mi problema es mi garganta, no mi sangre.

Se me inflamaron los ganglios y mis articulaciones me dolían. Me salieron moretes que se volvieron llagas. De 183 libras bajé a 103. Cierto día en el Banco, quería sacar dinero y no me acordaba como hacer mi firma. Aquellas palabras sobre mi sangre me inquietaban, así que fui al Laboratorio Barrientos a hacerme un análisis de sangre, y resulta que estaba infectado de un virus que la ciencia dice que es imposible sanar. Virus HIV SIDA. Sentí miedo, pavor, vergüenza, y pensé: ¿Y ahora que van a decir mis hijos, mi esposa y mis amigos?

En FIHNEC me recordaron que Cristo había muerto por mí, pero eso no lo digerí en mi espíritu sino hasta un año tres meses después, cuando clamé a Jesús. Esa noche empecé a llorar por él, cuando de repente la lengua se me hizo un nudo y empecé a hablar palabras que no entendía, mi boca hablaba jerigonza. Levanté mis manos y de pronto un calor intenso descendió desde la punta de mis dedos por todo el cuerpo hasta mis pies. De pronto una voz llegó a mis oídos y dijo: “Estás sano”. Me asusté y caí postrado en el suelo, y después de algún tiempo, nuevamente esta voz me dijo: “Ve y diles lo que yo he hecho”. Por eso es que estoy aquí, para decirles que para él no hay nada imposible.

Un análisis de mi sangre ha comprobado que yo estoy sano. Cierto día lleno de felicidad le dije: “Señor yo quiero servirte.. Quiero cantarte. Y Señor, quiero que me regalen una guitarra”. En Octubre de 1993 en una Convención de FIHNEC una persona que había llegado de Estados Unidos, me dice: ¿Tu te llamas Gilberto? Sí! – le dije. Te traigo un regalo de parte del Señor, me respondió, y al finalizar el evento, me llevó a su cuarto y me entregó una guitarra. Venía desde los Estados Unidos, y yo la petición la había hecho en privado en Sonsonate. Por eso quiero compartir con ustedes ese canto que dice: “Razón de vivir”.

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